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Moncada

José Moncada Calvache

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Nació en Almería,  1893, hijo de Federico Mocada Pradal y de  María Trinidad Calvache Portillo

 

Obras suyas se exponene en  Exposiciones internacionales Iberoamericanas de Sevilla y Barcelona y de forma continuada en 1933, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid; en 1934, en la Escuela de Bellas Artes de Almería donde obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Regional de Artes e Industrias. En 1935 expuso en el Círculo Mercantil de Almería.
En 1939, marcha a Barcelona, bu 1000 en mercado para su obra, y permanece allí varios años. Vuelve a Almería con un agrave enfermedad y fija su residencia en Alhama en donde se granjeó el afecto y la estima populars y donde desarrolló una parte considerable de su carrera artística.
Alhama de Almería le tributó un homenaje oficial, le dedicó una bonita calle y albergó durante unos días una maravillosa exposición antológica dirigida por el pintor. Eran las fiestas patronales de San Nicolás cuando en una mañana de sol, Moncada Calvache paseaba por vez primera por su calle alhameña.
El día 5 de Julio de 1988, falleción el pintor en Alhama de Almería. En el Cementerio de San Nicolás, por expreso deseo suyo, reposan para siempre los restos del maestro.

José Muñoz Artés, que me invitó a hablar de Moncada, ha procurado facilitarme datos, difras, citas y recuerdos. Inicio este artículo con algunos de ellso, pero prefiero dejar este material para una biografía que, con documentación adecuada y con amor al personaje, está reclamando este almeriense, nacido hace cientotres años en la luminosa, cálida y azul Almería.
Prefiero recordar vivencias y rasgos del genial maestro. Citaba al principio un homenaje que le rindió Alhama. En el acto protocolario del ofrecimiento me correspondió dar lectura a las adhesiones recibidas, cartas y telegramas de Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada, Almería…, iban desgranando frases elogiosa -no podía ser menos- para el pintor. Yo, entre lectura y lectura observaba su gesto sorprendido, sus ojos brillantes y su sonrisa alegre cuando oía los nombres amigos de quienes le felicitaban. Se sentía feliz, pero abrumado. Cuando le correspondió finalizar el acto, se enjugó una lágrima con su pañuelo -gesto muy característico en él- y con voz baja, suve pero firme, dió las gracias con palabras llenas de modestia.
Su modestia…; era un componente más de su for 1000 ma de ser. Su arte no le había engreído, hablaba de sus obras con naturalidad absoluta.

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 http://ecoalhama.galeon.com/num002/moncada.html (El eco de Alhama)